Para ese “gracioso” que te dice que porque te saltes un día la dieta no pasa nada

Sin lugar a dudas uno de los instantes más complicados cuando estamos realizando un plan de adelgazamiento es el de tener que enfrentarnos con una comida o una cena fuera de casa y con amigos.

Aunque en el libro “ Coaching nutricional para tener éxito en tu dieta”, en su página 29, ya explico cómo podrías afrontar esta situación y salir airoso de ella, quiero con este video brindarte una herramienta para reforzar tu capacidad de superarla.

El hecho de decidir llevar a cabo un método de pérdida de peso nos obliga a tener que tomar una decisión que no es fácil, ya que implica renunciar durante un tiempo adecuado a una serie de placeres que gratifican nuestra vida diaria. Requiere una alta dosis de motivación y de fuerza de voluntad. Por ello cuando hemos de enfrentarnos a situaciones que pueden comprometer esa determinación propia, necesitamos programar nuestra mente de una forma especial para vencer esas tentaciones.

En las cenas o comidas familiares o con amigos, es muy típica la situación que se da cuando anunciamos que nos hemos propuesto disminuir nuestros kilos. Enseguida habrá alguien que nos dirá: “ pero si estás muy bien, no necesitas ponerte a dieta” o bien “total por un día que te lo saltes no va a pasar nada” o el cómplice “si tu médico no se va a enterar, nadie se lo va a contar”

Y no solo eso, sino que una vez al entrados en la comida no pararán de saborear sus platos “engordantes” y poniendo una mirada entre lujuriosa y bobalicona, que por supuesto o dirigirán hacia ti, escupirán frases como: “¡qué buenas están estás empanadillas!” o “con el calor que hace,  esta cerveza fresquita es lo mejor que se ha inventado para quitar la sed”

Estas y muchas otras frases y argumentos son esgrimidos por el resto de comensales que parecen tener como principal objetivo de su vida, en esas horas, el lograr que tú renuncies a tu dieta.

¡Maldita la gracia que tienen!

Tienes que ser fuerte. Tenemos que ser fuertes. Para ello he grabado este video, para que se lo envíes a tus compañeros de bacanal por correo electrónico antes de que tenga lugar la reunión gastronómica. O bien, si no puedes hacerlo, muéstraselo en tu movil nada más sentarnos a la mesa y antes de decidir que vais a ordenar para comer o para cenar.

Espero que con él te ahorres muchas situaciones “incómodas” y consigas proseguir tu camino directo hacia el éxito.

Determina, ya, hacia donde quieres ir

Las épocas del año que coinciden con el fin de vacaciones largas, como son las de verano y las de navidades, son muy propicias para que  insertemos un punto y aparte en algunos aspectos de nuestras vida. Decidimos sacudirnos el muermo y esta vez si que si, vamos a conseguir…¿el que?

Nos apuntamos a aprender aquel idioma que siempre nos hubiera gustado hablar; nos lanzamos de cabeza al gimnasio con la convicción de que vamos a quemar todos los aparatos este año; nos compramos todas las revistas de moda para devorar las 28000 dietas que van a aparecer en ellas, ahora en este mes de septiembre.

Todos las temporadas nos ocurre lo mismo; nuestra motivación es tan alta que si consiguiésemos mantenerla en esos niveles durante por lo menos tres meses, al cabo de esos 90 días podríamos optar a un puesto de intérprete en las Naciones Unidas, o tendríamos 28 abdominales más por banda que los que tiene Cristiano Ronaldo, o la puesta y la salida del sol se podrían ver al trasluz a través de nuestra figura.

Pero nunca ha sido así ¿verdad? Seguimos con la misma carencia idiomática que hace dos años; los mismos músculos laxos y flojos y la misma pátina de grasa que en aquel tiempo.   Pero perseveramos en continuar marcandonos siempre, año tras año, las mismas metas; y periodo tras periodo seguimos fracasando.

Te has preguntado tal vez que a lo mejor esos objetivos no son los que más te motivan para trabajar en ellos. ¿no habrá algún otro reto  que te llame más y que te induzca a ser más fiel y más constante?

Aparte de los idiomas y del físico ¿qué otras cosas te gustaría conseguir? ¿lo sabes? ¿te lo has planteado alguna vez? Quizás sea ahora el momento para que lo hagas.

Te propongo aquí un ejercicio que he diseñado, se llama “La Pirámide inversa de Sambeat”, y que utilizo con mis Coachees, ( y a veces también con mis amigos para tocarles un poco las narices) que consigue clarificar y ayudar a las personas que lo hacen a ordenar un poco sus ideas, a conocerse mejor y a fijar unas metas diferentes a las que ellos habitualmente se proponían.

Te invito a que lo hagas y a que dediques a él, tiempo e interés. Te aseguro que así lo haces así, los resultados te sorprenderán.

Dinámica Piramide inversa de Sambeat

3.- ¿Cómo debe ser tu META, para que tu empeño tenga éxito?

Bien, ya estamos en la línea de salida para iniciar nuestro camino para perder esos kilos que se han instalado con nosotros durante este verano.

Quizás sea esta la primera ocasión en la que nos lo vamos a proponer, o tal vez es el intento número “n+1” de una larga lista previa de fracasos. Da igual que tu situación sea cualquiera de las dos que te he descrito, vamos a intentar que ésta sea ya la definitiva; y para ello nada como comenzar a estructurar esta tentativa bien desde el principio.

Y lo primero, lo primero e ineludible, es fijarte una meta a la que quieres dirigirte y sobre todo, a la que quieres llegar. Sin saber dónde está tu destino difícilmente puedes preparar adecuadamente tu viaje.

No es posible trabajar un proceso de Coaching sin definir claramente dónde está esa meta, que además debe cumplir, imprescindiblemente, una serie de características. Estás coincide en con las iniciales de la palabra meta. Debe ser Medible-Especifica-Temporal-Asequible.

Inicia, pues, tu trayecto hacia el éxito escribiendo en la página 24 del libro cuál es el peso que deseas alcanzar y para qué fecha , y hasta que no lo tengas muy claro y muy bien definido, y por supuesto escrito y a la vista, ni te planteas empezar tu dieta.

 

 

 

2.- ¿Qué normas deberías cumplir para lograr el éxito?

Para que el libro “Coaching Nutricional para tener éxito en tu dieta” sea plenamente efectivo, deberías cumplir 4 sencillas (e importantísimas) condiciones que te irán progresivamente acercando a tu objetivo.

A simple vista pueden parecer banales y caprichosas y créeme, ha habido algunos lectores que no las han cumplido. Te aseguro que intentar el resultado apetecido sin seguir estas recomendaciones al 100% , ha hecho que el camino se les haya hecho bastante mas difícil, provocando algún que otro abandono y desánimo.

No son difíciles y tan solo requieren que pongas de tu parte un poco (tan sólo un poco) de disciplina. Aplícalas en en el libro y en tu vida porque te aseguro, de verdad, que merecen la pena.

En las página 21 del libro te las apunto y en este vídeo, el segundo de la serie, te explico cuáles son y por qué son tan importantes.

1.- ¿Finalizando las vacaciones? ¿Cómo piensas iniciar tu dieta?

Cuando van acabando las vacaciones comenzamos a plantearnos que, al retornar a nuestra rutina, tendremos que comenzar de nuevo una dieta para eliminar esos kilos que hemos recuperado en estas fechas. Haz que esta vez sea distinto y no cometas los errores de siempre.

Lo mas frecuente es que nos marquemos una fecha de inicio de nuestro plan, y al llegar ese día, así a las bravas, comenzamos a “cambiar” nuestros hábitos de alimentación.

La mayoría de las  veces esto constituye un error que acaba en otro intento fallido.

Te recomiendo que en esta ocasión te plantees el reto de una forma diferente. Solo así tendrás posibilidades de alcanzar más fácilmente tu objetivo y que mantengas tus resultados en el tiempo.

Sin duda, un gran año

28/1/2017

 

Hace un par de días, repasando en las carpetas de mi ordenador las fotos del pasado año 2016, encontré una del día 17 de enero. Esa fecha fue la jornada anterior a la que decidí comenzar a realizar los ejercicios escritos de Coaching que desde el verano había ido organizando y diseñando. La idea era posteriormente llevarlos a la práctica y que me ayudasen a mentalizarme para, de una vez por todas, conseguir mi objetivo de pérdida de peso.

A lo largo de más de 25 años he ido construyendo un Método de nutrición enfocado a adelgazar, que tenía que cumplir 3 premisas fundamentales:

Primero debía ser un sistema completamente sano y equilibrado, que huyese de lo que entendemos como dieta milagro y que incluyese la ingesta de todo tipo de alimentos.

Segundo, y muy importante para mí, huiría del hambre como de la peste Era preciso que quien lo realizase pudiese comer todo lo que quisiese del listado de comidas del plan sin necesidad de pesarlo ni de medirlo. Yo no soporto tener sensación de estómago vacío, por ello  cuando comencé a idearlo, lo hice sobre todo pensando en mí y en mi escasa  capacidad de sufrimiento.

Y tercera y última característica, y muy importante, mi plan de alimentación daría a quien lo siguiese los conocimientos nutricionales suficientes para que, una vez concluido y a alcanzado el peso que quisiese conseguir, tuviese en su mano los instrumentos y la sabiduría para poder comer todo tipo de alimentos y no recuperar los kilos perdidos.

Llevó brindando este Método San Pablo de nutrición a mis pacientes desde entonces, y en la mayoría de los casos pierden peso sin demasiado sacrificio. Una vez que la finalizan, si ellos quieren y se dan cuenta de la importancia de aprender a comer, mantienen la grasa eliminada fuera de sus vidas.

Pero yo no era capaz de llevar a cabo mi propio y beneficioso plan. Psicológicamente existían circunstancias que daban al traste con mis propósitos. Y estas aparecían en mi vida generalmente los fines de semana como consecuencia de una adecuada falta de motivación y de disposición para querer realmente perder peso. No era capaz de adelgazar y lo peor de todo es que sabía cómo hacerlo fácilmente.

Por todo ello desde el verano de 2016, y tras haber realizado mi posgrado en Coaching me dije que era imperdonable que no aplicase en mi lo que con tanto éxito recomendaba a mis pacientes. Por todo ello decidí elaborar una serie de dinámicas para incrementar mi fuerza de voluntad y mi capacidad de implicación. Las creé, las organicé y las preparé para comenzarlas pasada la fecha del 17 de Enero, que era mi aniversario de boda.

Ha transcurrido un año desde entonces, y en todo este periodo, mi vida ha cambiado radicalmente. Cuando cierro los ojos y veo la foto de aquel día y voy recordando lentamente todas las circunstancias que han venido a mi vida en estos 365 días, no puedo sino que exclamar ¡Bendito año!

Me sorprendí a mí mismo siendo capaz de llevar a cabo mis propósitos de pérdida de peso, pero lo que más me maravilló es que estaba siendo bastante más fácil de lo que yo en un principio aventuraba. Estaba descubriendo la potencia de todos aquellos ejercicios que había construido desde el verano. Era casi milagroso. La meta que me había planteado conseguir en Mayo, ya estaba superada en Abril. Decidí entonces que era el momento de que esas cuartillas, que había creado sólo para mí, tomasen forma de libro para ayudar en la mentalización de todas aquellas personas que emprenden un camino en contra de sus kilos.

Estaba tan convencido de la bondad de esas páginas y tan entusiasmado con los resultados que podrían facilitar, que cuando contacté con varias editoriales, debí verter en mis mensajes tanto ímpetu, que tras enviar algunos e-mails, al día siguiente de hacerlo, por la mañana, ya tenía la respuesta de una de ellas, que al final fue con la que trabajé. Y meses después de plasmarlo sobre el papel, al publicar mi libro, me había convertido en un escritor.

El resto del tiempo hasta ahora ha transcurrido entre presentaciones de la obra, entrevistas y promoción; pero sobre todo me ha otorgado la satisfacción de comprobar cuántas personas han encontrado una vía adecuada para lograr su objetivo de encontrarse mejor física y anímicamente.

Comparando esa primera foto, a la que hacía referencia al principio de este artículo, con la que me tomaron en Noviembre en Santander, en la presentación del libro en la semana Literaria Lluvias & Letras, me doy cuenta de todo lo que ha representado este año de mi vida: mi éxito en mi dieta con un gran cambio en mi volumen corporal; y mi obra  en su presentación. Sin duda un gran año.

Un día antes de comenzar
Un día antes de comenzar

 

Todo un año de éxitos
Todo un año de éxitos

¿5 kilos más? No, son kilos transeúntes.

25/1/2017

 

En mi libro “Coaching nutricional para tener éxito en tu dieta” además de las dinámicas de Coaching que incluyo en él para facilitar la motivación y para que las personas con problemas de sobrepeso consigan llegar a su objetivo de una forma más fácil, enumero también entre sus páginas, una serie de errores que solemos cometer todos aquellos que asiduamente nos enfrentarnos a un plan de adelgazamiento. Uno de esos apuntes que boicotean nuestro esfuerzo de disminución de los kilos, más o menos suele ser el siguiente: “Con lo que me cuesta perder el peso, resulta que en este fin de semana, que me he tomado más libertades, he recuperado “X” kilos. No me merece la pena tanto sacrificio para que después, por comer dos tonterías, mi grasa reaparezca debajo de mi cintura o en mis cartucheras”. En el libro explico que estos planteamientos devastadores para nuestra fuerza de voluntad y nuestra autoestima son muy frecuentes y que además están fundamentados en falsas suposiciones. Pero los traemos a nuestro cerebro una y otra vez como si quisiéramos buscar excusas para abandonar nuestro empeño.

Cuando  los pacientes que siguen mi método de adelgazamiento han perdido ya todos los kilos que pretendían y llegan por  fin a la fase de mantenimiento, les advierto de  una circunstancia  frecuente  y que va a ocurrirles, a ellos y a todos nosotros, durante toda nuestra vida: El peso que engorda no es el que penetra en tu cuerpo, el peso que engorda es el que se queda a vivir contigo. El primero está compuesto de kilos, que yo llamo transeúntes, el segundo, el más preocupante, es el de los kilos residentes.

El pasado 18 de Enero regresé de Tenerife después de pasar cinco días celebrando mis Bodas de Plata. Ya comenté en el anterior post que escribí, que durante esta conmemoración no me iba a preocupar en absoluto por la comida; es más iba a disfrutar de todo de lo que habitualmente prescindo. Y así ocurrió.

Era una ocasión muy especial y ya para la primera noche había programado una cena en el restaurante Kabuki de Tenerife. Cuando uno va a estos sitios tan modernos y de los que no conoces como es su cocina lo más adecuado, según creo yo, es pedir un menú degustación donde el chef elige y elabora una serie de recetas que conforman una muestra de sus saberes culinarios. Generalmente el precio que vas a pagar por ello es bastante elevado y dadas las circunstancias no es cuestión de tener remilgos. Lo mejor es abandonarse a los placeres del paladar y abrir tu mente a los sentidos para recibir e impregnarte de todo aquello por lo que te van a sangrar. He de reconocer que mereció la pena; el desfile de platos y preparaciones fue muy atractivo a la vista y más, si cabe, al sentido del gusto. Entre entrada y entrada, la persona encargada de atender nuestra mesa nos iba explicando los pormenores y características de cada una de ellas. Creo que degustamos un total de siete u ocho raciones. Los sakizuke, otsokuri, nigiri y kanmi se fueron sucediendo sin solución de continuidad.

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Y ya, al margen de ese evento, el resto de los días transcurrieron salpicados de comidas pantagruélicas. Disfruté de los maravillosos desayunos bufete del hotel, en los que me reencontré con los huevos benedictinosa, que sólo degusto cuando voy de viaje; bollería sin fin con sus croissants infiltrados de grandes dosis de mantequilla y mermelada de fresa. Cenas con vino o con cerveza. En fin, todo aquello que un comedor compulsivo pueda añorar.

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Huevos Benedictinos

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Pero llegó el día 19 de enero por la mañana. Era el momento de calibrar la tragedia que en mi cuerpo habría desembocado toda aquella cohorte de placeres. Me esperaba lo peor; pero no tan “peor” cómo realmente fue. La báscula me devolvió una bofetada psicológica en forma de 4.3 kilos de aumento de peso en comparación al que disfrutaba antes de emprender mi viaje. Yo imaginaba que ese incremento abarcaría entre dos o tres kilos, pero esa inesperada realidad no entraba en mis planes. Más tarde, de forma sosegada y calmada, haciendo repaso, realmente me reconocí que me lo había merecido, mis actos estaban en consonancia con los resultados.

Y es ahora cuando retomo lo que exponía en el primer párrafo de este escrito. Sería fácil abandonarse a la desesperación y al desánimo. Tíralo todo por la borda y caer en el determinismo negativo de que, por mucho que hagamos, nunca conseguiremos mantenernos delgados. Pero eso es falso y es un error planteárselo. Cuando perdemos peso, sobre todo si hemos realizado un plan de adelgazamiento en el que se pueda comer la cantidad que se quiera, como es el caso del Método San Pablo de nutrición, aunque existan períodos puntuales en los que cometamos transgresiones, más o menos “salvajes”, el incremento ponderal que obtenemos posteriormente a esas circunstancias es un espejismo. El peligro de los kilos no estriba en que entren en nuestro cuerpo, el peligro está en que se queden; y por cinco días de excesos, si sabemos conducirnos adecuadamente con la comida en las siguientes jornadas posteriores a las de disfrute, es fácil, que más pronto que tarde, esas impertinentes cifras que nos ha devuelto la balanza vayan disminuyendo. Muchas veces nos desesperamos por estos aumentos, pero ¿qué esperamos después de comer lo que hemos comido? Es necesario asumirlo y pasar página. La solución es volver a retomar los buenos hábitos que previamente adornaban nuestra conducta y recordar, de una forma positiva, lo que hemos disfrutado de nuestros excesos, para continuar el camino que nos lleve a nuestra meta. Realmente es más fácil de lo que parece.

Hoy día 25 de Enero, una semana después de haber retornado de mis pequeñas vacaciones y llevando adecuadamente mi plan de alimentación, ya he conseguido restar 2,7 kilos de los 4,3 kilos que me había colgado encima. No ha sido difícil; en esta última semana he ingerido toda la cantidad que he querido de los alimentos que me había marcado en mi dieta; no he pasado hambre y sigo con mi objetivo de perder esos, todavía 5 Kg que me he propuesto como meta final.

Traspaso la línea de meta. Inicio una nueva etapa

13/1/2017

Ha llegado el viernes día 13 de enero, el último viernes de las navidades. Hoy doy por concluida mi prueba; la que me planteé al inicio de las fiestas, que no era otra que la de perder peso en un período en el que generalmente recuperamos bastantes kilos. Esta mañana me he pesado y, aunque en esta última semana no he conseguido perder nada de peso, antes bien he recuperado 100 gr, el cómputo general de estas dos semanas ha sido de -2,4 kilos, eso significa que he logrado mi objetivo.

En otros años, siempre, siempre, había engordado en mayor o menor medida. Se me antojaba como imposible lograr disminuir la grasa, incluso mantener mi talla era una tarea bastante complicada. Pero este final de 2016 e inicio de 2017, con la ayuda del libro y realizando los ejercicios que en él propongo, lo he conseguido. Reconozco que el camino no ha sido fácil, nunca lo es, y contaba con ello, pero el hecho de obligarme a realizar las dinámicas de Coaching nutricional y complementarlo con una de las dietas que doy a mis pacientes, ha obrado el milagro anti.grasa (no en vano algunos de mis pacientes me conocen como Mr. Proper, otros apodos que también me ponen, aunque no suenan tan bien son el de Gordólogo y el más feo que es Dr. Saca-mantecas)

Bien, he superado otra etapa más; pero esto no quiere decir que el proceso haya concluido. De hecho aún no he logrado mi meta final, para la que aún me quedan 3 kilos por perder. Y aunque parezca que la época más complicada, la Navidad, ha pasado, lo más difícil está aún por llegar. De hecho me tendré que enfrentar con ella  el próximo sábado. La semana que viene cumplo 25 años de casado, mis Bodas de Plata (bueno y también las de mi mujer, por supuesto) y para ello he organizado un viaje de cinco días a Tenerife. Voy a tirar la casa por la ventana; es una ocasión excepcional y lo voy a celebrar como se merece. He programadas varias comidas y cenas en lugares muy escogidos y tengo muy claro que durante ese periodo no me voy a preocupar, por descontado, de hacer  dieta. Esto  que a priori puede parecer una claudicación o un abandono por mi parte, no lo es en absoluto. El estar a dieta no significa que tengamos que privarnos siempre, todos los días y todo el tiempo, de los placeres de la gastronomía; para nada. Lo único que debo saber es cuándo me es permitido  hacerlo y sobre todo que es lo que necesito  programar, una vez que haya concluido este tramo de libertad, para adecuar mis comidas al objetivo de perder el peso que, sin duda, voy a recuperar durante este viaje. Una de las cosas que siempre puntualizo a mis pacientes cuando inician mi método de adelgazamiento, es la de que una vez que concluyan su pérdida de kilos podrán volver a comer absolutamente de todo tipo de alimentos, sin privarse de nada; tan sólo es preciso que conozcan cómo deben compensar, de forma sana, equilibrada y sin pasar hambre, los excesos cometidos para volver a reconducir la báscula a las cifras que desean.

A la vuelta de mis pequeñas vacaciones comentaré cómo han ido y el “susto” que me devuelve mi balanza cuando me suba en ella.

Cazando polvorones.

9/1/2017

Para conseguir el triunfo, alíate … contigo mismo.

Se acerca el final del periodo que me he marcado para perder peso en navidades. Aunque ya estemos a día 9 de Enero y las fiestas hayan concluido, según marco en el libro, los periodos de comprobación de los resultados concluyen los viernes; y el primero después de estas fechas es el próximo día 13.

Ha sido difícil superar las tentaciones, pero con la ayuda de las dinámicas de Coaching lo he conseguido. A veces no valoro lo suficiente lo importante y lo valioso que es estar siguiendo lo que yo mismo propongo en las páginas de “Coaching nutricional para tener éxito en tu dieta”.

Ayer por la noche después de un día intenso de trabajo, una vez terminamos de cenar, mi mujer y yo decidimos ver el primer capítulo de la, recientemente galardonada en los globos de oro, serie “The Crown”. El cotillear en la vida de la monarquía británica era una buena forma de alejarnos del estrés y prepararnos para descansar por la noche. Nos acomodamos en el sofá mientras los títulos de crédito iban apareciendo en el aparato de televisión. Mi querida esposa tiene la gran suerte de poder quedarse dormida en cualquier situación y posición; con lo que a los diez minutos, si llegan, de que la reina Isabel II de Inglaterra comenzase sus peripecias, mi acompañante de sofá estaba disfrutando de otra película, la que emitían en su subconsciente, o lo que es lo mismo estaba profundamente KO.

Y así iba transcurriendo la velada, de forma sosegada, hasta que, sin saber ni cómo ni por qué, la imagen de un polvorón se apareció en mi mente. Sabía que en algún lugar de mi casa, aún permanecían los restos de los dulces navideños, y entre ellos seguro que quedaba, aunque fuese sólo uno, la delicia de almendra, manteca de cerdo, harina y azúcar.

Desde ese instante mi interés por la vida de los soberanos británicos fue decreciendo al mismo ritmo que aumentaba mi plan para agenciarme el ansiado bocado y comérmelo sin que nadie se diese cuenta. Mi esposa permanecía dormida, ajena a mis aviesas intenciones. En mi mente fui pergeñando una estrategia para que, en el momento que concluyese la televisión y ella se fuese a la cama, yo, con cualquier pretexto me deslizaría entre el salón y la cocina para iniciar mi investigación encaminada a localizar el objeto de mis deseos.

Comenzaba a notar en mi estómago y en mi paladar un ansia irrefrenable e imbatible por conseguir satisfacer mi apetito. No habría nada ni nadie que me impidiese, esta vez, saltarme la dieta. La potencia de mí “necesidad” era tal que estaba irremediablemente perdido. Iba a echar por la borda todo mi esfuerzo de estas navidades, pero en aquel momento no me importaba, tan sólo estaba enfocado en cómo conseguiría que ninguno se diese cuenta de lo que iba a perpetrar,  hasta que tras consumarlo ya fuese demasiado tarde y no hubiese remedio.

En la pantalla aparecía el rey Jorge VI junto con su yerno el duque de Edimburgo dispuestos a cazar patos, y cuando estos animales alzaban el vuelo, yo no distinguía ánades en la pantalla, veía polvorones volando. Bueno en realidad esto que acabo de afirmar es tan solo una licencia literaria; no veía polvorones volando porque si esto hubiera sido así, ahora mismo debería estar internado en un psiquiátrico por un padecimiento  de alucinaciones, lo que realmente ocurría es que para mi cerebro la necesidad  más importante era calmar mi avidez, y esto provocaba que todo lo que no fuera eso pasase a un segundo plano en mi consciente.

Concluyó el capítulo y mi mujer adormilada se incorporó con la idea de dirigirse a la cama. Las etapas del acto que yo había tramado se iban cumpliendo adecuadamente. Mi siguiente paso sería revólver en los armarios para encontrar el preciado bien.
polvoron sin antes polvoron sin despues

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero uno de los ejercicios que incluyo en mi libro de Coaching nutricional, es el de informar a una persona al final del día de si he sido correcto en mi plan de adelgazamiento, y de si he cumplido todo, lo que por la mañana me había programado, o por el contrario  he tenido algún resbalón a lo largo de esas 24 horas que me haya apartado de mi determinación. Y esto, lo de chivarse de uno mismo, es obligatorio hacerlo. Existía la posibilidad de sustraer esa información, tan solo ayer, pero también postulo en las páginas que publiqué, que si no somos capaces de decirnos a nosotros mismos la verdad, si comenzamos a engañarnos, nuestra misión y nuestra meta no tiene sentido. Realmente es muy fácil mentirnos, y los solemos hacer más de lo que nosotros nos damos cuenta; cada vez que nos justificamos en algo que no hemos sido capaces de llevar a cabo, lo que estamos haciendo realmente es argumentar una mentira que nos haga más llevadera nuestra debilidad.

Y ahí estaba yo, a punto de iniciar la exploración por el mobiliario, pero al mismo tiempo imaginándome cómo le iba a decir a la persona a la que debía participar mi jornada gastronómica, que había sucumbido. Me visualicé también apuntando en la zona de mi libro destinada a tal fin, mi gran fracaso: el haber sido tan enclenque como para que un mísero polvorón me derrotase

Y algo cambió de repente en mi mente. La “imposibilidad” de evitar cometer esa transgresión se desvaneció y una determinación espartana fue tomando cuerpo en mi voluntad.

Rápidamente apague la luz y me dirigí al dormitorio, me desvestí,  lavé mis dientes, me introduje entre las sabanas y me dormí.

polvoron con antes polvoron con despues

 

 

 

 

 

 

 

 

Gracias al Coaching y a mis ejercicios había superado otra difícil prueba. A veces esta técnica de motivación parece mágica, pero es que, si la aplicas bien, es realmente magia.

 

PD.: Aviso, ningún tubo digestivo ha salido dañado para la realización de las fotografías que ilustran el artículo. El polvorón que aparece en las imágenes ha acabado en el cubo de la basura. Lo puntualizo por si entre los lectores hay alguno mal pensado; que no lo creo. 😉

¡Vaya siesta!

No hay nada como un estímulo lo suficientemente fuerte y potente para demostrarnos que sí que somos capaces de lograr algo para lo que creíamos que no estábamos preparados.

La siesta eso uno de esos placeres con que nos obsequia la vida. Es una delicia excelsa, enriquecedora, energizante, que incrementa nuestro nivel de salud y que para más inri es gratuita. Existen varias clases de siesta, las fútiles y peregrinas, apenas perceptibles, que son las que clandestinamente nos atacan obligándonos a entornar levemente los ojos durante apenas unos segundos para inmediatamente después sacarnos de ese estado de trance. Son puñeteras porque no nos permiten abandonarnos a los mundos oníricos, antes bien nos enseñan la zanahoria del placer para inmediatamente arrebatárnosla; éstas son las típicas que nos asaltan en las conferencias, o en las clases programadas para después de un banquete. Después tenemos las siestas de “no tengo mucho tiempo”; son esos diez minutitos que podemos permitirnos repantingarnos en el sillón, orejero preferentemente, para delante de un aparato de televisión que nos mece con su soniquete, ir trasladando involuntariamente cabezazos de un lado a otro del armazón de este maravilloso mueble y que, aunque sea sucintamente, nos permite tener algún leve abandono ensoñatorio. Y finalmente aparece la gran “Siesta Imperial”, así con mayúsculas. Esta modalidad tan sólo se puede – y se debe- disfrutar en una cama, ni siquiera tumbándonos por completo en un sofá conseguiríamos extraer todo el jugo que esta disciplina puede proporcionarnos. En ocasiones puede trasladarnos durante horas a otra dimensión; es lo suficientemente extensa para que consiga reponer todos nuestros niveles físicos y fisiológicos a unas cotas de energía impensables, pero no tan larga como para que te levantes de entre las sábanas con ese incómodo dolor lumbar que cada vez más frecuentemente, dependiendo de la edad, nos acompaña por las mañanas

Hoy día 7 he gozado de una de las mejores “Siestas Imperiales” qué recuerdo. Esta mañana había tenido que madrugar y he pasado todas las horas matinales imaginándome el momento en el que después de comer me acostaría y me entregaría a los brazos de Morfeo. Cuando ese instante ha llegado, mi cama me ha acogido con ternura. Conforme iba introduciendo mi cuerpo entre los blancos lienzos, mis músculos se iban paulatinamente relajando. Creo que antes incluso de que arropase mi cuerpo por completo mi mente estaba ya en otros lugares. ¡Qué gran placer! Dos horas y pico de desconexión que ha ayudado a recolocar los pensamientos de mi mente cada uno en su lugar. Tan solo el claxon insistente de un coche, que debía estar bloqueado por otro aparcado en segunda fila, me ha devuelto a este mundo; pero el ínterin ha sido sublime.

Aunque antes había enunciado que este disfrute es gratuito, casi todo en esta vida tiene un coste. En esta ocasión, para los que llevamos una dieta, esta cuantía se cobra en forma de una insaciable necesidad -¿física o psicológica?- de comer dulce. ¿Quién no se ha levantado a media tarde con una apetencia desmesurada de hacerse amigo, sobre todo, de  la tableta de chocolate? Mi avidez de hoy era monstruosa. Tan es así que ni siquiera me he planteado luchar contra ella y me he visualizado, incluso cuando aún estaba con las pestañas entrelazadas, abriendo el armario de los turrones, extrayendo la bandeja con sus cajas respectivas e hincando un cuchillo en las tabletas para separar una pequeña barrita de cada uno de ellos que calmase a mi inquieto estómago. Mi voluntad era absolutamente nula. No había remedio.

A veces la suerte se te aparece disfrazada de las formas más inimaginables, y en esta ocasión, la fortuna me ha visitado. Mi mujer ha aparecido en la habitación para informarme inquisitorialmente de la hora que era, y de que ya llevaba postrado un tiempo más que prudencial  -en resumidas cuentas que me levantase ya de la cama- y en ese instante yo he cometido la imprudencia, ¡bendita imprudencia!, de hacerle partícipe de mi imperiosa necesidad por el dulce y le he descubierto mi plan de ataque y asalto a la fortaleza “turronera”. La bronca que me ha caído ha sido sublime, yo diría que incluso “Imperial”. Que si “Ni se te ocurra”, además de “Cómo te saltes la dieta te va a hacer la cena Rita la Cantaora” y muchas otras lindezas que prefiero no reproducir pues tan sólo su recuerdo me produce una cierta incomodidad emocional. “Te comes unas fresas, que eso está dentro de tu dieta”. Esta orden imperativa, me ha abierto los ojos del todo y me ha hecho caer en la cuenta de  que, efectivamente, en mi plan nutricional tenía para merendar fresas.

Una de las dinámicas que propongo en el libro, en las páginas de comienzo, antes de empezar el camino hacia el éxito en la pérdida de peso, es la de buscarse un aliado; una persona a la que puedas acudir cuando las tentaciones te superen y estés al borde de la transgresión gastronómica. Recomiendo escoger a este compañero de viaje con unas características determinadas: debería ser comprensivo, proactivo, altruista, y predispuesto  a la ayuda. Y cuando te brinde ese apoyo nunca debe hacerlo con frases de recriminación, antes bien su asistencia debe revestirse de ánimo y motivación. Todo lo contrario a lo que mi querida esposa ha empleado conmigo esta tarde. Pero al final he acabado comiéndome las fresas y ni se me ha ocurrido acercarme al armario de los dulces.

Al final estaban mas buenas que el turrón. ¡Ejem!
Al final estaban mas buenas que el turrón. ¡Ejem!